Hora del cuento
2. Pilocha
Una vez terminado el momento de Asamblea, comienza la Hora del cuento. Hoy contaremos el cuento de Pilocha
Había una vez un bosque. En el bosque un árbol, y en el árbol una rama, una rama... que no quería ser rama. Un día de tormenta se partió la rama.
- Qué tonterías dices - murmuró un gusanito - ¡Cómo vas a ser como una niña si no tienes cabeza!
- Ya sé, me pondré una sandía! - gritó - ¡Soy una niña, soy una niña!
- ¡Tonterías, las niñas tienen dos piernas y dos brazos! - dijo una lagartija que pasaba por allí.
- Ya sé, me pondré dos palos y unas ramas que terminen en palitos para tener manos.
Se los ató y gritó: ¡Soy una niña, soy una niña!
- ¡Tú no eres una niña!, no tienes ojos, ni boca, ni nariz, ni pelo - dijo un pájaro que estaba cerca.
- ¡Soy una niña, soy una niña!
- ¡Cuántas cosas!, buscaré una zanahoria para la nariz, dos castañas para los ojos, dos cáscaras de naranja para las orejas, un poco de hierba para el pelo y me haré la boca en la sandía.
- ¡Yupi soy una niña!, ¡Soy una niña!
- Croa, croa, croa, ¡qué tonterías!, eres un palo con una sandía; las niñas tienen cerebro, tripa, lengua y de todo.
La rama pensó que nunca sería niña y se puso a llorar y llorar.
-¡Soy una niña, soy una niña!
Los animales del bosque al verla tan triste llamaron a una estrella que concedía deseos.
- ¿Puedes ayudar a esta rama que quiere ser niña?
- Sí, pero antes tenéis que ponerle un nombre.
- ¡Qué nombre tan bonito... PILOCHA, PILOCHA, PILOCHA! Exclamó la tortuga que era un poco sorda.
Tanto saltó y bailó que...
- ¡Ay, ay, ay! Me muero, me muero, me duele mucho la tripa.
- Croa, croa, croa, no te mueres, sólo tienes que comer; te duele la tripa porque no has comido - dijo la rana.
Pilocha cogió fresas y se las comió: -¡Humm... qué ricas!
-¡Ay, ay, ay! me muero, mi tripa, mi culito, me duele, me duele, me duele.
- Croa, croa, croa, ¡Qué te vas a morir! Las niñas después de comer tienen que hacer caca.
Pilocha hizo caca y como estaba tan cansada, ¡Plaff! se sentó encima.
- Croa, croa, croa, sólo tienes que lavarte.
- ¡Ay, ay, ay, me muero, se me cierran los ojos, me caigo al suelo!
Pilocha cerró los ojos y se durmió. Entonces sintió las manos de su mamá que la despertaba.

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